El litoral del Cap de Creus continúa bajo el agua con paredes de roca, desniveles, canales, grietas, cuevas y fondos de arena y grava. Esta variedad de ambientes, junto con las corrientes marinas y la acción de la tramontana sobre las aguas, favorece una gran diversidad de hábitats y de especies.
Un paisaje que continúa bajo el mar
Una de las particularidades del Cap de Creus es que su relieve abrupto no termina en la línea de costa. Los acantilados, las calas estrechas y las formaciones rocosas tienen continuidad bajo el agua, donde crean un mosaico de ambientes muy diferentes entre sí.
A poca profundidad, la luz todavía llega con fuerza y permite el desarrollo de algas y plantas marinas. A medida que aumenta la profundidad, la luz disminuye y el paisaje se transforma progresivamente hasta dar paso a comunidades adaptadas a zonas más oscuras y profundas.
Las praderas de posidonia
En algunos fondos arenosos aparecen praderas de Posidonia oceanica, conocidas tradicionalmente como praderas marinas.
Pese a su aspecto, la posidonia no es un alga, sino una planta marina con raíces, tallos, hojas, flores y frutos. Sus praderas forman uno de los ecosistemas más importantes del Mediterráneo.
Entre las hojas de posidonia encuentran refugio y alimento numerosas especies de peces, moluscos y pequeños crustáceos. También son zonas de cría para muchas especies y contribuyen a retener sedimentos y a proteger el litoral.
Estas praderas crecen muy lentamente y son especialmente sensibles a los cambios ambientales y a las alteraciones provocadas por la actividad humana.
El mundo de los fondos rocosos
Los fondos rocosos son uno de los grandes protagonistas del paisaje submarino del Cap de Creus y de buena parte de la Costa Brava.
En las zonas más superficiales, las rocas pueden estar cubiertas de algas y pequeñas comunidades marinas. Entre ellas viven erizos de mar, estrellas de mar, moluscos, crustáceos y numerosos peces.
Las grietas y cavidades ofrecen refugio a pulpos, congrios, morenas y otras especies que pasan buena parte del día escondidas entre las rocas.
La gran variedad de formas del relieve crea infinidad de pequeños hábitats, y cada cambio de profundidad, luz u orientación puede dar lugar a comunidades diferentes.
El coralígeno, un jardín submarino
A mayor profundidad aparece uno de los ecosistemas más espectaculares del Mediterráneo: el coralígeno.
Se forma muy lentamente gracias a la acumulación de algas calcáreas y otros organismos que crean estructuras complejas sobre la roca.
Aquí pueden crecer gorgonias, esponjas, briozoos y otros organismos filtradores. En algunos sectores, las paredes submarinas pueden adquirir el aspecto de auténticos jardines suspendidos.
Las gorgonias, especialmente las de tonalidades rojas y púrpuras, son una de las imágenes más características de estos fondos. Aunque puedan parecer plantas, son colonias de animales que se alimentan de pequeñas partículas transportadas por las corrientes.
Su crecimiento es lento, lo que las convierte en organismos especialmente frágiles ante cualquier alteración del medio.
Cuevas, grietas y zonas de sombra
Las cuevas submarinas y las grandes grietas crean un ambiente muy diferente del de las zonas expuestas directamente a la luz solar.
A medida que disminuye la luz, las algas pierden protagonismo y aparecen esponjas, gorgonias, briozoos y otros organismos filtradores.
Estas zonas son también refugio de numerosas especies animales. Pulpos, morenas y congrios aprovechan las cavidades naturales de la roca para protegerse durante el día.
La combinación de luz, sombra, corrientes y relieve convierte cada pared submarina en un pequeño ecosistema propio.
Los habitantes del Mediterráneo
La diversidad de hábitats favorece una fauna también muy variada.
En los fondos de Cadaqués y del Cap de Creus podemos encontrar sargos, salpas, obladas, doradas, escórporas y meros, entre muchas otras especies de peces.
También viven pulpos, sepias, estrellas de mar, erizos de mar, nudibranquios y numerosos crustáceos.
Algunos animales pasan la mayor parte del tiempo asociados al fondo marino, mientras que otros se mueven libremente por la columna de agua.
El mar abierto
Más allá del fondo existe otro gran ecosistema: el mar abierto.
Bancos de sardinas y anchoas se desplazan por estas aguas y sirven de alimento a muchas otras especies.
También pueden atravesar las aguas del Cap de Creus diferentes cetáceos, como el delfín mular, el delfín listado o el rorcual común, así como tortugas marinas.
Este mundo pelágico conecta el litoral con espacios mucho más amplios del Mediterráneo.
El cañón submarino del Cap de Creus
Una de las singularidades menos visibles de la zona es el gran cañón submarino situado frente al Cap de Creus.
La profundidad aumenta rápidamente y da paso a un paisaje totalmente diferente del que podemos observar cerca de la costa.
En estos ambientes profundos, la luz desaparece casi por completo y viven organismos adaptados a condiciones muy específicas.
Corales profundos, esponjas, crustáceos y peces de profundidad forman parte de un ecosistema que sigue siendo objeto de estudio científico.
Es una dimensión del Cap de Creus que casi nunca vemos, pero que forma parte del mismo sistema natural que contemplamos desde tierra.
Un patrimonio compartido con toda la Costa Brava
Este paisaje submarino no es exclusivo de Cadaqués.
A lo largo de toda la Costa Brava encontramos tramos de gran valor ecológico, con praderas de posidonia, paredes rocosas, cuevas, canales submarinos y comunidades de coralígeno.
Las Islas Medes son probablemente uno de los espacios submarinos más conocidos, pero existen muchos otros puntos de interés a lo largo del litoral ampurdanés y gerundense.
La combinación de roca, profundidad, aguas transparentes y biodiversidad ha convertido la Costa Brava en uno de los territorios más apreciados del Mediterráneo para el submarinismo y la observación de la vida marina.
Otro Cadaqués bajo el agua
Quizá una de las características más fascinantes de Cadaqués sea esta: el paisaje no termina donde empieza el mar.
Las mismas rocas que la tramontana y el tiempo han modelado durante milenios continúan bajo el agua. Sobre ellas crecen algas, esponjas, corales y gorgonias; entre las grietas se esconden peces, pulpos y crustáceos; y un poco más allá se abre el azul profundo.
Por eso, mirar el mar desde Cadaqués es contemplar solo una parte del paisaje.
La otra continúa bajo la superficie.













