La datación exacta de la casa no está del todo clara. La guía oficial de Cadaqués la sitúa a principios del siglo XIX y la define como un edificio de carácter neoclásico-romántico. Otras fuentes patrimoniales, en cambio, han asociado el edificio al año 1870. Probablemente, pues, es más prudente hablar de una casa del siglo XIX que atribuirle una fecha de construcción excesivamente precisa.
La casa de los Godó Car
Antes de acoger a la sociedad recreativa, la casa había sido, según la guía oficial de Cadaqués, residencia de la familia Godó Car. La documentación consultada no permite todavía reconstruir con precisión quién encargó el edificio ni todas las generaciones que vivieron en él, pero el apellido Godó aparece relacionado con familias cadaquesenses vinculadas al comercio y a la navegación.
Esta vinculación no resulta extraña. Durante los siglos XVIII y XIX, Cadaqués, pese a su aparente aislamiento terrestre, mantenía una intensa actividad marítima. Marineros, comerciantes, capitanes y armadores conectaban la villa con otros puertos mediterráneos y con las rutas de ultramar. Fuentes del Alt Empordà sitúan a los Godó entre las familias cadaquesenses relacionadas con ese mundo comercial y marinero, y tenemos documentados miembros de la saga dedicados al comercio.
El carácter representativo del edificio encaja con ese origen. No era una simple casa de pescadores, sino una casa de dimensiones considerables, pensada para mostrar una determinada posición social. Su posterior conversión en espacio colectivo transformaría por completo su significado: una residencia privada acabaría convertida en una de las principales casas de reunión del pueblo.
De La Benèfica a la Sociedad l'Amistat
La historia del Casino está íntimamente relacionada con La Benèfica, una sociedad de socorros mutuos que las fuentes sitúan probablemente hacia 1856. Los primeros estatutos conocidos son de 1870 y muestran que la entidad ya combinaba dos funciones: la ayuda a sus socios y las actividades recreativas.
Este tipo de sociedades tuvieron una gran importancia durante el siglo XIX. Antes de la existencia de un sistema público de protección social como el actual, sus miembros aportaban dinero a una caja común que servía para ayudar a los asociados en situaciones de enfermedad, necesidad o dificultad económica. Al mismo tiempo, estas entidades se convertían en espacios de convivencia, tertulia, cultura y ocio.
La sociedad no comenzó su actividad en el Casino actual. La documentación municipal indica que el primer local estaba situado en la plaza de les Herbes. Posteriormente se trasladaría a la casa de la plaza del Doctor Trèmols.
Aquí aparece una pequeña discrepancia entre las fuentes. La documentación urbanística del Ayuntamiento y la guía oficial de Cadaqués sitúan la compra o incorporación del edificio actual en el año 1896. En cambio, la Ruta dels Indians de Cadaqués indica que el inmueble, propiedad de los Godó, habría sido transferido a La Benèfica en 1867. Sin consultar la escritura original de propiedad es difícil determinar el motivo exacto de esa diferencia, de modo que conviene conservar ambos datos con prudencia. En cualquier caso, a finales del siglo XIX la casa ya había quedado definitivamente vinculada a la sociedad que acabaría conociéndose como Societat Recreativa l'Amistat.
Una arquitectura pensada para mirar y ser mirada
El edificio tiene una estructura rectangular formada por planta baja, primer piso y desván. Su arquitectura responde a un lenguaje ordenado y representativo, con una clara voluntad de simetría.
En la planta baja destaca un cuerpo avanzado a modo de pórtico, con un gran portal de arco de medio punto y amplios ventanales. En el primer piso, los balcones con barandillas de hierro y los vanos decorados con molduras refuerzan el carácter señorial de la fachada. En la parte superior, las pequeñas ventanas ovaladas del desván contribuyen a darle una fisonomía muy particular.
Uno de los elementos más curiosos son los cinco medallones de terracota en bajorrelieve situados en la fachada. En ellos aparecen personajes relacionados con los grandes viajes y conquistas marítimas, entre ellos Cristóbal Colón, Magallanes, Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Su presencia resulta especialmente significativa en una villa que durante siglos había vivido de cara al mar y que en el siglo XIX mantenía fuertes relaciones comerciales y familiares con las rutas de ultramar.
No podemos afirmar que estos medallones expliquen directamente los negocios de los antiguos propietarios, pero sí que forman parte de un imaginario muy propio del siglo XIX: el del mar, los viajes, la expansión comercial y el mundo americano.
El Casino, el salón de Cadaqués
Con la instalación de la sociedad, la antigua residencia privada adquirió una función completamente nueva. El Casino se convirtió en un espacio de sociabilidad: un lugar donde encontrarse, conversar, leer, jugar a las cartas o al billar, tomar algo y participar en las actividades de la entidad.
El término casino no debe entenderse aquí en el sentido actual de establecimiento dedicado al juego. En Cataluña, como en muchos otros lugares mediterráneos, los casinos, ateneos y sociedades recreativas del siglo XIX y principios del XX eran sobre todo centros de relación social. En pueblos relativamente pequeños podían funcionar casi como una extensión de la plaza pública o de la sala de estar de casa.
Con los años, la función benéfica inicial fue cediendo protagonismo a las actividades sociales y culturales. Reuniones, bailes, exposiciones, música, tertulias y celebraciones convirtieron el edificio en uno de los principales puntos de encuentro de Cadaqués.
Eliseu Meifrèn y una mesa convertida en obra de arte
Una de las historias más atractivas del Casino es su relación con el pintor Eliseu Meifrèn (1859-1940). Meifrèn llegó a Cadaqués en 1886 y mantuvo con ella una relación muy estrecha durante décadas. En 1911 fue nombrado hijo adoptivo de la villa.
Como muestra de ese vínculo, el pintor regaló al Casino seis grandes dibujos al carbón dedicados al paisaje cadaquesense. Las obras representan lugares como es Baluard, Punta Prima, es Pianc o la isla Messina, y todavía forman parte del patrimonio de la entidad. La sala donde se conservan lleva precisamente el nombre de Sala Meifrèn.
Pero probablemente la anécdota más entrañable es otra. En el café del Casino se conservaba una mesa de mármol sobre la que Meifrèn había dibujado decenas de personajes. Arte y vida cotidiana se mezclaban literalmente sobre una mesa de café.
En 2003, tanto los seis dibujos como esa mesa fueron restaurados después de haber sufrido durante décadas los efectos de la humedad, el polvo, los hongos y el humo. El propio Meifrèn había realizado también un telón para el teatro de Cadaqués, actualmente conservado en el Teatro-Museo Dalí de Figueres.
Un lugar para el arte
La relación del Casino con los artistas no terminó con Meifrèn. Durante el siglo XX, y especialmente a medida que Cadaqués se convertía en punto de encuentro de pintores, escritores y creadores de todo el mundo, las salas de l'Amistat se consolidaron como espacio de exposición.
En 1978, la propia sociedad impulsó unos encuentros de artistas con el objetivo de reunir obras para crear un futuro museo. Al año siguiente se celebró allí la denominada Muestra número cero. Finalmente, unas setenta obras reunidas en aquella iniciativa fueron cedidas a la Fundació Museu Municipal d'Art de Cadaqués. De este modo, el Casino tuvo también un papel significativo en la formación del patrimonio artístico municipal.
Un edificio que sigue vivo
Una de las virtudes del Casino es que nunca se ha convertido en un monumento desvinculado de la vida cotidiana. La Societat l'Amistat fue ampliando sus actividades y en 1969 construyó un Salón de Actos en otro edificio, situado en la zona de ensanche en dirección a Portlligat, pensado especialmente para representaciones teatrales y otros actos.
La casa histórica, sin embargo, ha seguido manteniendo su función social. Actualmente, en la planta baja está el bar del Casino, que el Ayuntamiento define como uno de los principales puntos de encuentro de cadaquesenses y visitantes. En la primera planta hay tres salas de exposiciones, la secretaría, la Sala Meifrèn y una terraza. En la segunda planta hay dos salas de exposiciones más y una pequeña biblioteca que también sirve como espacio de reunión para diversas asociaciones.
Quizá esa continuidad es lo que mejor explica el valor del Casino de Cadaqués. No es solo un edificio histórico: es un edificio vivido.
Comenzó como la residencia de una familia acomodada del Cadaqués del siglo XIX y se transformó en sociedad de socorros mutuos, café, lugar de tertulia, sala de exposiciones y centro cultural. Sus paredes han visto pasar a marineros y comerciantes, pescadores, artistas, veraneantes y generaciones enteras de cadaquesenses.
La casa privada de los Godó Car acabó convirtiéndose, con el tiempo, en algo bien distinto: una casa compartida por el pueblo.


