Cuando se habla de las personalidades que encontraron inspiración en Cadaqués, la mirada suele dirigirse inmediatamente hacia la pintura, la literatura, la música o el cine. Sin embargo, el pueblo y el paisaje del cabo de Creus también despertaron la curiosidad de inventores, científicos y estudiosos de la lengua. Para algunos de ellos, Cadaqués no fue únicamente un lugar de descanso: se convirtió en el origen de una idea, en un espacio de investigación o en el objeto principal de una obra.
No son tantos los casos que pueden documentarse con claridad. Muchas personalidades visitaron el pueblo o pasaron allí temporadas, pero eso no significa necesariamente que Cadaqués influyera en su trabajo. Si se aplica un criterio más exigente y se incluyen únicamente aquellas figuras cuya actividad estuvo directamente relacionada con el entorno, aparecen algunas historias especialmente significativas.
Narcís Monturiol: una idea nacida ante el mar
El caso más conocido es el de Narcís Monturiol, pionero de la navegación submarina y creador de los sumergibles Ictíneo I e Ictíneo II.
Monturiol llegó a Cadaqués refugiándose de la persecución que sufría por sus actividades políticas. Durante su estancia pudo observar de cerca el trabajo de los coraleros del cabo de Creus, que descendían al fondo del mar en condiciones extremadamente peligrosas. Según las fuentes biográficas, incluso presenció un accidente mortal relacionado con esta actividad. Aquella realidad le hizo pensar en la posibilidad de construir una embarcación capaz de navegar bajo el agua y permitir que los trabajadores realizaran su labor con mayor seguridad.
De regreso a Barcelona, transformó aquella idea en un proyecto técnico. En 1858 publicó El Ictíneo o barco-pez y, al año siguiente, realizó las primeras pruebas de su submarino. El Ictíneo I fue concebido inicialmente para facilitar la exploración submarina y la recolección de coral, por lo que la relación entre el invento y lo que Monturiol había observado en Cadaqués fue directa.
En este caso, Cadaqués no actuó como una simple inspiración paisajística. El pueblo, su relación con el mar y las condiciones de vida de sus habitantes plantearon un problema concreto al que Monturiol intentó ofrecer una solución. De la observación de los coraleros nació uno de los proyectos más importantes de la historia de la navegación submarina.
Ricardo Zariquiey: Cadaqués como laboratorio natural
Décadas después, el litoral de Cadaqués se convirtió en un espacio de investigación para Ricardo Zariquiey Álvarez, médico pediatra y uno de los principales especialistas españoles de su tiempo en el estudio de los crustáceos.
Aunque desarrolló su carrera profesional en la medicina, Zariquiey dedicó buena parte de su vida a la entomología y, especialmente, a la carcinología, la rama de la zoología que estudia los crustáceos. Su vinculación familiar con Cadaqués le permitió explorar de manera continuada sus aguas, calas y fondos marinos.
El resultado de aquellas observaciones quedó recogido en trabajos científicos dedicados expresamente a la zona. En 1956 publicó Crustáceos decápodos de la región de Cadaqués, un estudio centrado en las especies localizadas en este tramo del litoral mediterráneo. La investigación tuvo continuidad en una segunda parte publicada en 1959.
Para Zariquiey, Cadaqués fue mucho más que un lugar de veraneo. Su diversidad marina le ofreció un campo de estudio excepcional y contribuyó a ampliar el conocimiento científico sobre la fauna de crustáceos de la península ibérica. Sus investigaciones muestran una dimensión menos conocida del pueblo: la de un territorio capaz de atraer no solo por su belleza, sino también por la riqueza biológica de sus aguas.
Ernesta Sala: preservar la voz de Cadaqués
La influencia del pueblo tampoco se limitó al mar y a las ciencias naturales. La singularidad lingüística de Cadaqués se convirtió en el centro del trabajo de Ernesta Sala i Bruses, filóloga estrechamente vinculada a la localidad.
El aislamiento geográfico que Cadaqués mantuvo durante siglos favoreció la conservación de un habla propia, el cadaquesenc, con vocabulario, pronunciaciones, construcciones y formas tradicionales que lo distinguen de otras variedades del catalán. Sala dedicó su investigación doctoral a documentar ese patrimonio lingüístico mediante el estudio de testimonios orales, publicaciones locales, documentos históricos y vocabulario relacionado con la vida cotidiana y marítima.
De aquel trabajo surgieron obras como El parlar de Cadaqués, El vocabulari de Cadaqués y Toponímia del terme marítim de Cadaqués. Estos estudios reunieron palabras, expresiones y nombres de lugares que corrían el riesgo de desaparecer con la transformación social del pueblo y la progresiva pérdida de su habla tradicional. Las tres investigaciones han sido reunidas posteriormente en un volumen dedicado al hablar cadaquesenc.
En este caso, Cadaqués no inspiró un invento ni proporcionó muestras para una investigación zoológica: ofreció una lengua viva que debía ser escuchada, estudiada y preservada. El trabajo de Ernesta Sala convirtió la forma de hablar de sus habitantes en objeto de investigación y en parte fundamental de la memoria cultural del municipio.
Un lugar que también despertó la curiosidad
Estos ejemplos permiten contemplar Cadaqués desde una perspectiva distinta. Monturiol encontró frente a sus costas el problema humano y técnico que acabaría impulsando el Ictíneo. Zariquiey convirtió sus aguas en un territorio de observación zoológica. Ernesta Sala hizo de su habla y de su toponimia el centro de una labor de conservación lingüística.
Son ámbitos muy diferentes —la ingeniería, la zoología y la filología—, pero comparten un mismo origen: la capacidad de Cadaqués para despertar preguntas. Su aislamiento, su estrecha relación con el mar, la singularidad de su naturaleza y la pervivencia de unas formas de vida propias hicieron que algunas personas no se limitaran a contemplarlo, sino que intentaran comprenderlo.
Más allá de los artistas, Cadaqués también fue taller de invenciones, laboratorio natural y archivo vivo de palabras. Su influencia no quedó reflejada únicamente en lienzos, poemas o fotografías: también puede encontrarse en la historia de la navegación submarina, en los estudios sobre la fauna mediterránea y en las obras que preservaron una de las hablas más singulares de Cataluña.



