Una iglesia nacida después de la destrucción
La iglesia actual se empezó a construir a mediados del siglo XVI, después de que el antiguo templo fuera destruido durante el ataque del pirata otomano Barba-rossa en el año 1543. El nuevo edificio se levantó principalmente en estilo gótico tardío, con una sola nave, capillas laterales y una cabecera poligonal. La parte más cercana a la fachada corresponde a los años 1634-1640, mientras que otras dependencias, como la capella Fonda, se ampliaron entre los siglos XVII y XIX.
Una de las curiosidades más queridas por los cadaquesenses cuenta que buena parte de la obra fue sufragada por los pescadores del pueblo. Para reunir el dinero necesario, salían a pescar durante días festivos o jornadas en las que tradicionalmente no se debía trabajar. Esta memoria popular quedó recogida en unos versos de Frederic Rahola i Trèmols:
La iglesia de mi pueblo
la hicieron los pescadores,
trabajando los días de fiesta
en bien de nuestro Señor.
Esta historia convierte a Santa Maria en mucho más que un edificio religioso: es también el resultado del esfuerzo colectivo de una comunidad profundamente vinculada al mar.
El gran tesoro barroco
La austeridad blanca del exterior contrasta con la riqueza artística que se descubre al entrar en el templo. Su elemento más impresionante es el monumental retablo mayor, dedicado a la Virgen de la Esperanza y considerado una de las obras más destacadas del barroco catalán.
Con aproximadamente veintitrés metros de altura, el retablo ocupa toda la cabecera de la iglesia. Fue proyectado por Jacint Moretó y ejecutado durante el siglo XVIII por los escultores Joan Torras y Pau Costa. Su estructura, poblada de columnas, ángeles, santos y escenas marianas, fue posteriormente dorada, hecho que le proporciona la luminosidad y la monumentalidad que aún hoy sorprenden a los visitantes.
Alrededor del retablo mayor, las capillas conservan varios retablos barrocos de dimensiones más pequeñas. También destacan el púlpito de piedra, los antiguos bancos de madera de los cónsules de la villa y una pequeña pila de agua bendita fechada en el año 1705. Todos estos elementos convierten el interior de Santa Maria en un extraordinario conjunto de patrimonio religioso, artístico y popular.
Un retablo salvado durante la Guerra Civil
Otra singularidad de su historia se produjo durante la Guerra Civil. En el año 1938, para proteger el gran retablo de posibles destrucciones, se construyó un tabique que lo ocultaba completamente. Mientras tanto, otros espacios de la iglesia se utilizaron para alojar a prisioneros de guerra.
Esta medida preventiva permitió que el retablo llegara hasta nuestros días, a diferencia de muchas otras obras religiosas catalanas que desaparecieron durante el conflicto.
Uno de los órganos históricos de Cataluña
Santa Maria también conserva un órgano construido por el maestro organero Josep Boscà entre los años 1689 y 1691. Considerado uno de los órganos históricos más antiguos de Cataluña, su presencia refuerza la estrecha relación que siempre ha existido entre el templo y la música.
El sonido del órgano, amplificado por las bóvedas y los muros de piedra, crea una atmósfera especialmente intensa. Por este motivo, la iglesia se ha convertido en un escenario privilegiado para conciertos de música sacra, recitales de órgano, formaciones corales e interpretaciones de música clásica y contemporánea.
Lugar de encuentro artístico
Santa Maria sigue ejerciendo hoy una función cultural que va más allá de su actividad religiosa. Es uno de los principales escenarios del Festival Internacional de Música de Cadaqués, una iniciativa con más de medio siglo de trayectoria que reúne intérpretes, formaciones musicales y público procedente de diferentes lugares.
Durante los conciertos, la nave gótica, el retablo dorado y la sonoridad del templo crean un diálogo excepcional entre arquitectura, música y paisaje. Artistas y espectadores comparten un espacio cargado de memoria, donde las composiciones clásicas conviven con propuestas contemporáneas y nuevas lecturas musicales.
Así, la iglesia de Santa Maria representa perfectamente el espíritu de Cadaqués: un lugar donde la tradición marinera, la historia, la espiritualidad y la creación artística se encuentran de manera natural. Desde su posición privilegiada sobre la bahía, sigue velando por el pueblo y actuando como uno de sus grandes símbolos culturales.


