• 28 agosto 2026
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  • Cadaqués

Fauna de Cadaqués

Entre los acantilados y las profundidades del Mediterráneo. A primera vista, el paisaje áspero y ventoso que rodea Cadaqués podría parecer un territorio poco favorable para la vida animal. La realidad es casi la contraria.

Los acantilados, los matorrales, las pequeñas zonas húmedas, las calas, los fondos rocosos y las grandes profundidades que aparecen muy cerca de la costa crean una extraordinaria diversidad de hábitats en un espacio relativamente reducido.

En tierra, reptiles, pequeños mamíferos, insectos y aves han encontrado maneras de adaptarse a un territorio dominado por la roca y la tramontana. En el mar, las praderas de posidonia, los fondos coralígenos y las paredes submarinas acogen comunidades muy diferentes.

Por eso, hablar de la fauna de Cadaqués es hablar necesariamente de dos mundos conectados: el que vive sobre la roca y el que empieza bajo el agua.

Un territorio privilegiado para las aves

Las aves constituyen probablemente el grupo más visible y emblemático de la fauna terrestre del cap de Creus.

La situación geográfica del territorio lo convierte en un lugar especialmente interesante durante las migraciones de primavera y otoño, cuando numerosas especies siguen la costa en sus desplazamientos entre Europa y África.

En los sectores rocosos y en los acantilados podemos encontrar grandes rapaces como el águila perdicera (Aquila fasciata), así como el halcón peregrino (Falco peregrinus) y el búho real (Bubo bubo), el mayor búho de Europa.

Son animales que encajan perfectamente en este paisaje: las paredes rocosas ofrecen puntos de nidificación y observación, mientras que los espacios abiertos facilitan la caza.

Pero cuando nos acercamos al mar aparecen otros protagonistas.

El cormorán moñudo, un habitante de los acantilados

Una de las aves más representativas del litoral es el cormorán moñudo (Gulosus aristotelis, tradicionalmente Phalacrocorax aristotelis).

A diferencia del cormorán grande, es una especie estrechamente ligada a las costas rocosas. Lo podemos observar sobre las rocas o nadando y sumergiéndose en busca de peces.

El Parque Natural destaca también la presencia de pardelas, charranes, gaviotas y alcatraces, entre otras aves marinas.

El cap de Creus es, por tanto, simultáneamente territorio terrestre, corredor migratorio y observatorio privilegiado sobre el Mediterráneo.

Una fauna pequeña que a menudo pasa desapercibida

No toda la singularidad del cap de Creus vuela sobre los acantilados.

Entre las piedras y los matorrales viven reptiles perfectamente adaptados al clima mediterráneo. Uno de los más habituales es la salamanquesa común (Tarentola mauritanica), fácil de encontrar también cerca de construcciones y muros.

Encontramos igualmente lagartos y lagartijas, mientras que la presencia de la tortuga mediterránea (Testudo hermanni) es mucho más escasa. También existe el galápago leproso (Mauremys leprosa), vinculado a los ambientes acuáticos continentales.

Sorprende también la representación de anfibios. Pese a la imagen seca del territorio, el Parque señala poblaciones de casi todas las especies presentes en Cataluña, desde la pequeña ranita meridional (Hyla meridionalis) hasta los sapos.

Un caracol que solo existe aquí

Algunos de los animales más extraordinarios del cap de Creus son tan pequeños que probablemente pasarían completamente desapercibidos durante una excursión.

Es el caso de Mastigophallus rangianus, un pequeño caracol terrestre endémico del cap de Creus.

Esto significa que su distribución está vinculada a este territorio.

Entre los invertebrados terrestres de interés también están el coleóptero Pseudochlamys raholai y el heteróptero Campylosteia serena, especies protegidas por su valor natural.

Es una buena muestra de una realidad que a menudo olvidamos: la singularidad de un ecosistema no siempre está representada por los animales más grandes o espectaculares.

Bajo el agua empieza otro cap de Creus

Si en tierra la roca determina buena parte del paisaje, bajo el mar sigue haciendo exactamente lo mismo.

Los fondos del cap de Creus presentan paredes, grietas, cuevas, zonas de arena y grandes desniveles. La profundidad aumenta rápidamente en determinados sectores y esta combinación permite que convivan comunidades marinas muy diferentes.

A poca profundidad encontramos fondos bien iluminados donde viven algas, crustáceos, estrellas de mar, moluscos y erizos, entre ellos el erizo de mar común (Paracentrotus lividus).

Es también aquí donde aparecen las praderas de Posidonia oceanica.

La posidonia no es un alga, sino una auténtica planta marina, con raíces, tallos, hojas, flores y frutos. Por eso, botánicamente, podría haber aparecido en nuestro artículo sobre flora; pero ecológicamente tiene tantísima importancia para los animales marinos que tiene más sentido explicarla aquí.

Sus praderas ofrecen refugio, alimento y zonas de reproducción y crecimiento para los juveniles de numerosas especies de peces.

Son, en cierto modo, los bosques submarinos del Mediterráneo.

El mundo de las gorgonias y el coral rojo

Cuando disminuye la luz aparece uno de los ecosistemas submarinos más espectaculares del Mediterráneo: el coralígeno.

Aquí encontramos las grandes gorgonias, especialmente la gorgonia roja, junto con esponjas, briozoos, moluscos, equinodermos y crustáceos.

También vive aquí el coral rojo (Corallium rubrum), una de las especies más emblemáticas de los fondos mediterráneos.

Este paisaje submarino ofrece refugio a numerosos animales y crea una estructura tridimensional comparable, salvando las distancias, a la que las ramas de los árboles proporcionan en un bosque terrestre.

Entre las grietas y cavidades podemos encontrar morenas, pulpos y langostas, mientras que por los alrededores nadan sargos, doradas, salpas, escórporas y meros.

La langosta y los grandes habitantes de la roca

La langosta (Palinurus elephas) es otro de los animales característicos de los fondos rocosos.

Durante el día suele refugiarse entre grietas y cavidades, dejando a menudo visibles sus largas antenas. Es un animal especialmente asociado a los fondos rocosos y coralígenos mediterráneos, precisamente algunos de los hábitats submarinos más valiosos del cap de Creus.

Entre los peces destaca también el mero, un gran depredador territorial que prefiere los fondos rocosos con cuevas y grietas.

Pero el mar que contemplamos desde Cadaqués esconde todavía un territorio mucho más profundo.

Un cañón submarino junto a la costa

Una de las grandes particularidades del cap de Creus se encuentra bajo el agua.

Muy cerca del cabo comienza un importante cañón submarino que supera rápidamente los 200 metros de profundidad. Este cambio brusco crea ambientes completamente diferentes de los que encontramos en las pequeñas calas costeras.

En estos fondos profundos aparecen corales blancos, crustáceos, equinodermos y peces adaptados a una vida con muy poca luz.

Así, en una distancia sorprendentemente corta podemos pasar de una cala con posidonia y pequeños peces juveniles a un ecosistema marino profundo.

Delfines, tortugas y grandes animales de paso

Más allá del fondo hay todavía otro ecosistema: el de las aguas abiertas.

Sardinas, anchoas y bonitos forman parte de este mundo pelágico, pero ocasionalmente también podemos encontrar animales de dimensiones mucho mayores.

La documentación del Parque señala la presencia, hoy menos habitual que antaño, del delfín listado, el delfín mular y el rorcual común, así como de tortugas marinas como la tortuga boba y la tortuga laúd.

No son, por tanto, animales que debamos esperar ver habitualmente desde la costa de Cadaqués. Forman parte de un Mediterráneo mucho más amplio por el que algunos de ellos se desplazan.

Dos paisajes, un mismo ecosistema

La fauna del cap de Creus no se puede entender separando por completo tierra y mar.

Los acantilados donde descansan los cormoranes continúan bajo el agua. Los insectos dependen de las plantas que resisten la tramontana. Los peces juveniles encuentran refugio entre la posidonia y las aves marinas se alimentan de los organismos que viven en el mar.

Incluso la misma geología que determina la forma del paisaje terrestre crea bajo el agua paredes, cuevas y grietas que se convierten en refugio para centenares de especies.

Esta es probablemente una de las grandes singularidades naturales de Cadaqués y del cap de Creus.

Allí donde parece que solo hay roca, viento y mar, hay en realidad una extraordinaria concentración de vida.